Gatekeeping y la noche de los transgéneros

Es medianoche y aún estoy despierta, bebiendo café y escribiendo mensajes ansiosos a mis padres porque se van de vacaciones y me han dejado sana y bien en mi nuevo piso. (Odio la mudanza, pero no estar con tus padres cada día a la edad de veintisiete es una alegría que todos que la han vivido reconocerán.) La suerte (o, mejor, la ausencia de ella) quiere que mi trayecto de transición se ha visto tardado con dos meses, causado por un fenómeno que se llama gatekeeping en inglés (vigilancia a la puerta).

Gatekeeping es un termino médico que supone que el paciente, siendo ignorante de todos los dados, hechos y teorías que influyen su estado mental y físico, no puede eligir un tratamiento adecuado de modo autónomo, y que sería mejor que lo haga un profesional (es decir, un médico). Cuando hablamos de los transgéneros, eso implica que los psicólogos (o médicos, cualquier sea el caso) determinan la elegibilidad de un paciente para el tratamiento hormonal, eventuales operaciones quirúrgicas etcetera. En Holanda, tal sistema todavía está en vigor y se supone que un psicólogo debe conferir con sus colegas y con endocrinólogos para admitir pacientes para la etapa siguiente de su transición. La fase diagnostica, nominalmente, es de seis meses, pero puede durar más en caso de dudas o de otros problemas mentales, como la depresión, ansiedad, y más. Además se supone que la paciente deba vivir en su nuevo rol de género durante un tiempo de un año.

Gatekeeping originalmente surgió porque se dudaba si los transgéneros eran capaces de hacer elecciones autónomos (y no eran solo unos maricones perversos). Los que se admitieron, tuvieron que presentarse a las sesiones de manera muy femenina / masculina (pensad vestidos, tacones, maquillaje de sobra para las mujeres trans), aunque las mujeres de hoy no siempre actúan de tal modo. (Yo personalmente me acuerdo que mi madre me dijo una vez que las mujeres llevan pantalones… por favor, ¡no hagas tonterías con tus faldas!) Y hasta entonces, idiotas como Ray Blanchard siguen insinuando que transgéneros solo son así por causa de fetichismo. Esas teorías todavía tienen un poder imaginable para la represión de la autonomía de transgéneros, a parte la historia de no ser verdadera.

Este sistema, aunque parece lógico, carece de sentido y no solo porqué la aseveración que los transgéneros son unos frikis que desesperadamente quieren cambios no necesarios de sexo es un insulto. Primero, la ciencia ya ha avanzado tanto mostrando que ser transgénero no es una elección, pero sin embargo, tiene supuestas causas biológicas. Una evaluación psicológica solo es necesario para determinar si la persona en cuestión tiene la capacidad de entender los riesgos asociados con el tratamiento (porqué una psicosis sí puede causar problemas de identidad que deben ser excluido de antemano; eso se averigua mediante una evaluación corta de consentimiento informado, y esta manera está aprobada al nivel internacional.) Si la persona es capaz de entender lo que pasará, es eligible; sino, no lo es.

Pero eso, claramente, no es el único motivo por qué se niega un tratamiento. Un diez por cien de los pacientes que se admiten al centro médico de la Universidad Libre de Amsterdam cuentan con una condición del espectro autista (bajo varias formas; Asperger, pdd-nos, autismo clásico…). Investigaciones, hasta entonces, no han traído ninguna prueba que autistas de capacidad cognitiva regular (es decir, funcionan en un nivel normal, excluyendo sus problemas psicológicos relacionándose con otra gente) no pueden entender lo que hacen, ni que el autismo causa, directamente o de otro modo, una forma de ser transgénero. Pues deben ser admitidos como tal, sin estipulaciones superfluas de evaluaciones psicológicas humillantes. El apoyo psicológico, sin embargo, ayuda mucho durante la transición, y está muy aconsejado – pero no debe exigirse para un tratamiento hormonal, además de que los estandartes internacionales del todo no lo exigen.

Y eso es exactamente que causaba mi retraso. Y causa, ahora, mi enfado con el centro médico y los psicólogos asociados. Hasta que quiten esa aberración, me voy a enfadar mucho – no solo por haber perdido mi autonomía, pero además porqué el estado científico de los hechos no apoya a tal funcionamiento del apoyo medico para los transgéneros, que, si gatekeeping se queda en vigor, continúan buscando métodos de auto-medicación o mienten durante su tratamiento. Si la universidad quiere resultados verdaderos, dados fiables, y la gratitud de sus pacientes, se aconseja mucho escuchar esta queja y actuar sobre ella – sino, ella irá con más retraso aún con respecto al entorno, aún más pobres transgéneros esperarán meses, si no años, para tratamientos necesarios, y la tasa de suicidio seguirá aumentando. La ironía de todo es que, hace unos años, la universidad, de hecho, era unos de las mejores – pero ha quedado atrás por su rechazo de evolución. Será la noche oscura de los transgéneros, y los cementerios no me atraen tanto, lo juro.

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Om joannavanschaik

Science communication graduate. Music, poetry, literature, travel, science and language collide in this blog.
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